Martes, 09 de Septiembre de 2008
SOCIEDAD › OPINION
Educando a Mariano
Por Enrique C. Vázquez *
Durante la virtual interpelación que debió afrontar Mariano Narodowski el viernes 29 de agosto en la Legislatura porteña, a partir del conflicto provocado por las tomas de colegios, el ministro no pudo responder consistentemente a casi ninguna de las preguntas formuladas por los diputados.
En su intento por defenderse, Mariano –como gusta firmar sus cartas dirigidas a los docentes– sostuvo que el problema no son sólo las becas sino el conjunto de las políticas de inclusión en el área educativa. No le fue mejor con esta estrategia, ya que le llovieron críticas sobre los recortes en temas tan sensibles como el Programa de retención de alumnas-madres, alumnos padres y embarazadas, los subsidios a cooperadoras, las escuelas de reinserción y el programa Zonas de Acción Prioritaria.
Pero lo que aquí está en discusión es una cuestión aún más global. Se trata de lo que, de manera grandilocuente, Mauricio y su ministro llaman Proyecto Escuela. El conflicto por las becas puso al desnudo las carencias de un gobierno que se llenó la boca durante la campaña electoral hablando de sus equipos técnicos y del largo tiempo de elaboración de las políticas que aplicarían una vez en funciones. Sin embargo, en los colegios secundarios, además de los mencionados recortes, no se vio mucho más que la absurda imposición de cantar “gloria y loor al gran Sarmiento” en todos los actos escolares. Y cuando se generalizaron las tomas de colegios, asomaron los perfiles ideológicos de la política educativa del GCBA.
El ministro hizo todo cuanto pudo para que los docentes se divorciaran del reclamo estudiantil. Primero envió un fax a las escuelas en el que decía que “la toma/ocupación de un edificio escolar supone el cese inmediato de toda actividad educativa”. Luego se hicieron llamadas telefónicas a los colegios para que los profesores no dieran clases y se pidieron listas de los alumnos involucrados en las tomas. Finalmente, y por si quedaba alguna duda, el ministro recorrió las radios, anunciando que en los colegios tomados las clases estaban suspendidas.
En parte, la maniobra fue exitosa: en casi todos los colegios los estudiantes que participaron activamente de las tomas fueron minoría y los profesores que priorizaron el diálogo con los alumnos permaneciendo en las aulas fueron pocos. Como se ve, el discurso del ministro operó sobre los jóvenes y los adultos cuya conciencia y compromiso son más débiles.
Sin embargo, el maratón de 24 horas de clases continuadas que se hizo en uno de los colegios tomados –el Nicolás Avellaneda–, en el que nunca se suspendieron las clases, mostró otra realidad. Una realidad que el ministro admitió no conocer en la reunión de la Legislatura, cuando esgrimió que no le era posible saber qué ocurría dentro de los colegios tomados y que su fuente para tener un panorama de la situación eran las fotos que había publicado un matutino porteño.
En la misma reunión con los legisladores chicaneó a un diputado, acusándolo de que avalaba con sus dichos una “pedagogía de la toma”, pues el legislador había sostenido que, de no haber habido en la Argentina medidas de lucha desprolijas o contrarias a las normas vigentes, hoy no tendríamos sufragio universal, ni derechos sociales.
Cabe preguntarse, entonces, ¿cuál es la pedagogía del ministro? ¿La de las aulas vacías? ¿La de profesores que no dialogan con sus alumnos? ¿La que pone límites con amenazas veladas o explícitas? ¿La de las listas negras? ¿La del orden sin debate?
En estos días, muchos jóvenes demostraron que quieren aprender junto con sus profesores a ser sujetos activos de un cambio social. Que no quieren que su formación como ciudadanos los convierta, de aquí a poco, sólo en votantes cada dos años y en prolijos pagadores de ABL. Y no se trata de endiosar a los adolescentes sino, simplemente, de estar con ellos y de no tenerles miedo. Este conflicto puede ser una oportunidad para que todos aprendamos y, de paso, colaboremos con la educación de Mariano.
* Historiador. Profesor del Colegio Nicolás Avellaneda.
martes, 9 de septiembre de 2008
Tribus urbanas
SOCIEDAD › PELEA DE TRIBUS ADOLESCENTES FRENTE AL ABASTO
Otra de floggers, emos y cumbios
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Otra batalla de tribus urbanas en el Abasto Shopping. Ocurrió en la tarde del domingo y se enfrentaron dos bandos. Floggers y emos unieron fuerzas contra hiphopperos y cumbios. Fueron separados por la policía y los guardias del centro comercial. Hubo unos veinte adolescentes demorados, que ayer recuperaron la libertad. En lo que va del año, ya se habían enfrentando en varias oportunidades en el shopping.
La pelea comenzó el domingo alrededor de las 16, en las escalinatas del Abasto. Allí se enfrentaron a puñetazos y puntapiés unos diez minutos. Roberto M., empleado del shopping, dijo ante la prensa que “lo grave del hecho es que se repite cada vez con mayor frecuencia”. Los adolescentes, de entre 13 y 17 años, estaban demorados en la comisaría 9ª y fueron liberados por disposición del Juzgado de Menores Nº 1. Estaban detenidos bajo los cargos de “riña callejera y gresca”.
“Fue una pelea entre los cumbios de Almagro y Caballito. Nosotros y los emos quedamos en el medio”, dice Braian, administrador del fotolog.com/sho_rubio. Sin embargo, su flog deja entrever otra versión. “El término flogger como insulto me cansó. Tolerancia cero, me cansé de hacerme el boludo. Me cansaron todos, ahora voy a responder el insulto. Esto va a traerme consecuencias, pero bueno, se vienen vientos de guerra, ya lo saben”, posteó ayer.
En la comunidad fotolog, el problema son los cumbieros. Del lado de los cumbios también apuntan contra los otros, floggers y emos. “No soy glam ni flogger ni cumbiera, sino cheta. Con los cumbios no tengo problemas, pero el problema es que ellos nos discriminan, porque nos vestimos en tal o cual lado, no tenemos sentimientos según ellos”, dice Maru, fotologuera de 13 años. Aclara que ya “superó” la etapa de flogger. “En el Abasto los floggers se juntan a caminar, se llaman por el nombre del flog, o sea ves a alguien que vos sabés que es cumbio y la llamás y te sacás fotos con ella”, explica Maru.
A los floggers se los ve en el Abasto, en la flor mecánica de la avenida Del Libertador y en la matinée de Ku. Son andróginos, visten pantalones chupines, remeras de escotes v, All Stars o zapatillas deportivas (Nike, sobre todo) y flequillo peinado hacia el costado, tapando la cara. Y siempre se fotografían para subir sus imágenes al flog para que sean posteadas. Cumbio, una adolescente de 17, es su referente y reina en el Abasto. Detrás del nick Cumbio está Agustina Viveros, una de las caras de la campaña publicitaria de Nike.
Mientras, en la galería Bond Street, los shoppings Caballito y Abasto, el Palacio Pizzurno y en el Cementerio de la Recoleta pululan los emos. Tribu integrada por adolescentes de look asexuado, mezcla de neogóticos y hardcore melódico, alisados permanentes, piercings, delineador y caras de sufridos. Son chicos tristes: Emo Morales, el personaje de parodia de Peter Capusotto, es el emo más celebre.
En el otro bando están los blakies (hip-hopperos y cumbios). En la zona oeste (Ramos Mejía y San Justo) riman morochos hip-hopperos. Visten ropa deportiva holgada, zapatillas (llantas, les dicen) Nike y viseras, como un “gangsta” neoyorquino. Además de rimar sin repetir frases, pintan graffitis, bailan break-dance y disfrutan de las riñas de gallos. Los cumbios comparten las mismas cualidades esenciales del hip-hoppero, salvo que escucha cumbia y habita en todo el Gran Buenos Aires.
Otra de floggers, emos y cumbios
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Otra batalla de tribus urbanas en el Abasto Shopping. Ocurrió en la tarde del domingo y se enfrentaron dos bandos. Floggers y emos unieron fuerzas contra hiphopperos y cumbios. Fueron separados por la policía y los guardias del centro comercial. Hubo unos veinte adolescentes demorados, que ayer recuperaron la libertad. En lo que va del año, ya se habían enfrentando en varias oportunidades en el shopping.
La pelea comenzó el domingo alrededor de las 16, en las escalinatas del Abasto. Allí se enfrentaron a puñetazos y puntapiés unos diez minutos. Roberto M., empleado del shopping, dijo ante la prensa que “lo grave del hecho es que se repite cada vez con mayor frecuencia”. Los adolescentes, de entre 13 y 17 años, estaban demorados en la comisaría 9ª y fueron liberados por disposición del Juzgado de Menores Nº 1. Estaban detenidos bajo los cargos de “riña callejera y gresca”.
“Fue una pelea entre los cumbios de Almagro y Caballito. Nosotros y los emos quedamos en el medio”, dice Braian, administrador del fotolog.com/sho_rubio. Sin embargo, su flog deja entrever otra versión. “El término flogger como insulto me cansó. Tolerancia cero, me cansé de hacerme el boludo. Me cansaron todos, ahora voy a responder el insulto. Esto va a traerme consecuencias, pero bueno, se vienen vientos de guerra, ya lo saben”, posteó ayer.
En la comunidad fotolog, el problema son los cumbieros. Del lado de los cumbios también apuntan contra los otros, floggers y emos. “No soy glam ni flogger ni cumbiera, sino cheta. Con los cumbios no tengo problemas, pero el problema es que ellos nos discriminan, porque nos vestimos en tal o cual lado, no tenemos sentimientos según ellos”, dice Maru, fotologuera de 13 años. Aclara que ya “superó” la etapa de flogger. “En el Abasto los floggers se juntan a caminar, se llaman por el nombre del flog, o sea ves a alguien que vos sabés que es cumbio y la llamás y te sacás fotos con ella”, explica Maru.
A los floggers se los ve en el Abasto, en la flor mecánica de la avenida Del Libertador y en la matinée de Ku. Son andróginos, visten pantalones chupines, remeras de escotes v, All Stars o zapatillas deportivas (Nike, sobre todo) y flequillo peinado hacia el costado, tapando la cara. Y siempre se fotografían para subir sus imágenes al flog para que sean posteadas. Cumbio, una adolescente de 17, es su referente y reina en el Abasto. Detrás del nick Cumbio está Agustina Viveros, una de las caras de la campaña publicitaria de Nike.
Mientras, en la galería Bond Street, los shoppings Caballito y Abasto, el Palacio Pizzurno y en el Cementerio de la Recoleta pululan los emos. Tribu integrada por adolescentes de look asexuado, mezcla de neogóticos y hardcore melódico, alisados permanentes, piercings, delineador y caras de sufridos. Son chicos tristes: Emo Morales, el personaje de parodia de Peter Capusotto, es el emo más celebre.
En el otro bando están los blakies (hip-hopperos y cumbios). En la zona oeste (Ramos Mejía y San Justo) riman morochos hip-hopperos. Visten ropa deportiva holgada, zapatillas (llantas, les dicen) Nike y viseras, como un “gangsta” neoyorquino. Además de rimar sin repetir frases, pintan graffitis, bailan break-dance y disfrutan de las riñas de gallos. Los cumbios comparten las mismas cualidades esenciales del hip-hoppero, salvo que escucha cumbia y habita en todo el Gran Buenos Aires.
domingo, 7 de septiembre de 2008
Xenofobia y capitalismo
Domingo, 07 de Septiembre de 2008
Ahora, otra vez la “seguridad”
Por José Pablo Feinmann
El capitalismo del siglo XXI es necesariamente xenófobo. Las sociedades opulentas, las que ocupan la centralidad del sistema y a las que, por eso, llamamos sociedades centrales, no sólo pueden generar riqueza en sus territorios. Hay una impúdica fracción de este planeta que no pertenece al mundo de la vida civilizada, aquella que, al menos, asegura trabajo, educación y comida a sus habitantes. O no lo asegura o lo asegura insuficientemente. No digo esto desde el proyecto de otra sociedad que sí lo haría, pues ese proyecto, para fortalecimiento del actual, ha fracasado en el siglo XX y llevará tiempo levantar otro, que sea lo necesariamente sólido como para enfrentar a éste. Pero sociedades como Estados Unidos, Francia, Italia o Inglaterra –en suma: las sociedades de Occidente– no pueden proyectar un capitalismo de integración. Dejan de lado, aisladas, a las sociedades del hambre, de la pobreza. Cuyos habitantes invaden la centralidad. Así, son capaces de morir en el intento (y, en efecto, mueren), pero no dejarán de asaltar la centralidad, los países donde podrían trabajar, comer, vivir. El problema de la inmigración indeseada –como la llama Huntington en El choque de las civilizaciones– es el problema de Occidente. El Islam –para peor– experimenta una explosión demográfica. Los musulmanes emigran a Occidente. Los africanos también. Los mexicanos buscan la tierra de Bush. Contra los musulmanes, Europa se prepara duramente. No en vano han surgido los gobiernos de derecha dispuestos a ejercer esa dureza. La banlieue de París es un espacio de temor, de constante peligro, un espacio del que sólo puede esperarse, en el mejor de los casos, una inmediata explosión social, poblacional e invasora de la centralidad. Eso que vendría a constituir un Mayo musulmán, sin consignas deslumbrantes, con malos modales, poca educación y brutalidad rencorosa y justificada. En Italia temen la invasión africana. Temen al “indocumentado”. Al ilegal. De aquí la existencia de gobiernos como los de Berlusconi y Sarkozy. Ellos sabrán qué hacer. Carla Bruni, entre tanto, seduce a la Europa comme il faut.
El problema argentino –y latinoamericano– tiene semejanzas. Buenos Aires es una ciudad opulenta que ofrece trabajo a ciertas franjas de habitantes del conurbano. Pero a pocos. También teme ser invadida por ellos y abomina de la invasión de sus “hermanos latinoamericanos”, a los que detesta. Si bien la última rebelión social, el último movimiento invasor fue protagonizado por los ricos, superado ese problema, el del “campo”, vuelve el otro: el de la seguridad. Lo han instalado los medios porque para eso están, no sólo aquí sino en el mundo entero, para manejar la agenda. Y se ha podido instalar porque es un tema siempre sensible al porteño, personaje que sabe que habita un espacio de privilegio y exige que se lo cuiden. Macri no ha cumplido hasta ahora esas expectativas. Se ven demasiados “negros” por Buenos Aires. Demasiados “perucas”, “bolitas”, “brasucas”, “yoruguas” o “paraguas”. Aunque, es notorio, los “brasucas” vienen con buen dinero y se compran todo, conque se los tratará bien. Pero los otros (que llevan en la cara, además, ese color oscuro que da tan feo, como tierra, o como sucio) vienen a quitarnos lo nuestro. Aquí aparece la figura del xenófobo.
Hoy, como siempre, en la Argentina es muy fácil sentirse alguien, sentir que uno es algo más que un pelafustán asustado que vive en un país que es de otros. Basta con hablar pestes de los “bolitas” o de los “paraguas” para sentir que uno es dueño de la patria, ya que nos la vienen a robar. Sartre, en Reflexiones sobre la cuestión judía, afirmaba que cuando el antisemita dice que el judío “le roba Francia” siente que Francia es suya, que le pertenece. No hay modo más directo y simple para el antisemita francés que decir que el judío le está robando el país para, de inmediato, sentirse dueño de ese país, dueño de Francia, para sentirse encarnación de la patria, casi un símbolo de pureza y de poder. Pobre tipo. Pobres, también, todos los tipos que hoy, aquí, en la Argentina, andan cacareando contra los extranjeros. Sienten, de pronto, algo que hace mucho no sentían: que tienen una patria, un país que les pertenece. Que tienen un ser. Que valen algo. Que valen, al menos, más que los inmigrantes. Que son argentinos y que la Argentina es de ellos, ya que son los otros quienes se la vienen a robar.
Qué fácil les resulta reinventar la patria, reencontrarse con el orgullo, con cierto linaje. Qué fácil les resulta no sentir que son poco, infinitamente poco, sólo un número de una estadística que no conocen, que manejan otros. De pronto, son, otra vez, como en el Mundial, como en Malvinas, ¡argentinos! La patria los convoca. Nos están invadiendo. De todos los rincones de la América oscura y pobre vienen a quitarnos lo nuestro. Son ellos: son esos mestizos zarrapastrosos, ajados, descosidos, que se acumulan en nuestras oficinas de migración, o que abultan las villas miseria. Están llenos de codicia y de furia delictiva. Porque a alguna de esas dos cosas es que vienen: o a robarnos nuestros trabajos o a robarnos nuestro dinero. Si trabajan, le están quitando ese lugar a un compatriota (a uno de los nuestros) que lo necesita. Si roban, si delinquen, nos están agrediendo. Que nos asalte un compatriota vaya y pase; es, al cabo, una contingencia nacional, una cuestión de la patria que ya solucionaremos entre todos. Pero que nos asalte un extranjero es intolerable. ¿Cómo se atreve? ¿Cómo se atreve a agredir a uno de los nuestros, a uno de los dueños de la patria, a un argentino? Duro con él.
La xenofobia surge de creer que la patria nos pertenece sólo a nosotros y que el otro (el extranjero que quiere integrarse a ella) será siempre un sospechoso. Simplemente porque no nació aquí. Lleva la condena eterna en la sangre y en el alma: jamás será un argentino, jamás podrá amar la patria como nosotros la amamos. De aquí, en consecuencia, que será el primero en agredirla. En agredirnos. La xenofobia es una actitud humana cruel y abyecta. Siempre habrá xenófobos, es una de las más bajas pasiones de la condición humana. En la abundancia dirán que vienen a “disfrutar de lo nuestro”. En la escasez dirán que vienen a robárnoslo.
Hoy, entonces, pasado, por el momento, el vendaval del campo (que huele distinto del de la villa y la delincuencia) ha retornado el tema de la seguridad. Se lo deposita en el Otro inmigratorio. Pero también en el Otro nacional villero, porque la villa es el espacio de la delincuencia, el lugar desde el que se sale para sorprender a los ciudadanos honestos. Es así: así en todas partes. La derecha reacciona como sabe, como siempre lo hace: no da trabajo, reprime. La única arma contra la inseguridad es el trabajo, el salario digno. Pero el neoliberalismo, por su propia dinámica, crea una sociedad de ricos muy ricos y de pobres muy pobres. Los primeros piden al Estado que los proteja de los segundos, reprimiéndolos. En sociedades donde no hay trabajo para todos nunca habrá seguridad. Esto se sabe, pero no se puede hacer. Salvo que cambien el sistema. Algo que aún menos se puede hacer porque nadie querrá hacerlo. Seguirá todo así, en la virtualidad de la explosión social, de la invasión de los nuevos bárbaros, de la ira y del fuego. ¿Cuántos autos quemará la próxima invasión musulmana a París? Hitler ordenó incendiar esa bella ciudad. Hay una película muy célebre con ese nombre, basado en una pregunta que el mismísimo Führer habría hecho: ¿Arde París?. No ardió. Un sensible general alemán desobedeció la orden. Pero, ¿arderá París?
Ahora, otra vez la “seguridad”
Por José Pablo Feinmann
El capitalismo del siglo XXI es necesariamente xenófobo. Las sociedades opulentas, las que ocupan la centralidad del sistema y a las que, por eso, llamamos sociedades centrales, no sólo pueden generar riqueza en sus territorios. Hay una impúdica fracción de este planeta que no pertenece al mundo de la vida civilizada, aquella que, al menos, asegura trabajo, educación y comida a sus habitantes. O no lo asegura o lo asegura insuficientemente. No digo esto desde el proyecto de otra sociedad que sí lo haría, pues ese proyecto, para fortalecimiento del actual, ha fracasado en el siglo XX y llevará tiempo levantar otro, que sea lo necesariamente sólido como para enfrentar a éste. Pero sociedades como Estados Unidos, Francia, Italia o Inglaterra –en suma: las sociedades de Occidente– no pueden proyectar un capitalismo de integración. Dejan de lado, aisladas, a las sociedades del hambre, de la pobreza. Cuyos habitantes invaden la centralidad. Así, son capaces de morir en el intento (y, en efecto, mueren), pero no dejarán de asaltar la centralidad, los países donde podrían trabajar, comer, vivir. El problema de la inmigración indeseada –como la llama Huntington en El choque de las civilizaciones– es el problema de Occidente. El Islam –para peor– experimenta una explosión demográfica. Los musulmanes emigran a Occidente. Los africanos también. Los mexicanos buscan la tierra de Bush. Contra los musulmanes, Europa se prepara duramente. No en vano han surgido los gobiernos de derecha dispuestos a ejercer esa dureza. La banlieue de París es un espacio de temor, de constante peligro, un espacio del que sólo puede esperarse, en el mejor de los casos, una inmediata explosión social, poblacional e invasora de la centralidad. Eso que vendría a constituir un Mayo musulmán, sin consignas deslumbrantes, con malos modales, poca educación y brutalidad rencorosa y justificada. En Italia temen la invasión africana. Temen al “indocumentado”. Al ilegal. De aquí la existencia de gobiernos como los de Berlusconi y Sarkozy. Ellos sabrán qué hacer. Carla Bruni, entre tanto, seduce a la Europa comme il faut.
El problema argentino –y latinoamericano– tiene semejanzas. Buenos Aires es una ciudad opulenta que ofrece trabajo a ciertas franjas de habitantes del conurbano. Pero a pocos. También teme ser invadida por ellos y abomina de la invasión de sus “hermanos latinoamericanos”, a los que detesta. Si bien la última rebelión social, el último movimiento invasor fue protagonizado por los ricos, superado ese problema, el del “campo”, vuelve el otro: el de la seguridad. Lo han instalado los medios porque para eso están, no sólo aquí sino en el mundo entero, para manejar la agenda. Y se ha podido instalar porque es un tema siempre sensible al porteño, personaje que sabe que habita un espacio de privilegio y exige que se lo cuiden. Macri no ha cumplido hasta ahora esas expectativas. Se ven demasiados “negros” por Buenos Aires. Demasiados “perucas”, “bolitas”, “brasucas”, “yoruguas” o “paraguas”. Aunque, es notorio, los “brasucas” vienen con buen dinero y se compran todo, conque se los tratará bien. Pero los otros (que llevan en la cara, además, ese color oscuro que da tan feo, como tierra, o como sucio) vienen a quitarnos lo nuestro. Aquí aparece la figura del xenófobo.
Hoy, como siempre, en la Argentina es muy fácil sentirse alguien, sentir que uno es algo más que un pelafustán asustado que vive en un país que es de otros. Basta con hablar pestes de los “bolitas” o de los “paraguas” para sentir que uno es dueño de la patria, ya que nos la vienen a robar. Sartre, en Reflexiones sobre la cuestión judía, afirmaba que cuando el antisemita dice que el judío “le roba Francia” siente que Francia es suya, que le pertenece. No hay modo más directo y simple para el antisemita francés que decir que el judío le está robando el país para, de inmediato, sentirse dueño de ese país, dueño de Francia, para sentirse encarnación de la patria, casi un símbolo de pureza y de poder. Pobre tipo. Pobres, también, todos los tipos que hoy, aquí, en la Argentina, andan cacareando contra los extranjeros. Sienten, de pronto, algo que hace mucho no sentían: que tienen una patria, un país que les pertenece. Que tienen un ser. Que valen algo. Que valen, al menos, más que los inmigrantes. Que son argentinos y que la Argentina es de ellos, ya que son los otros quienes se la vienen a robar.
Qué fácil les resulta reinventar la patria, reencontrarse con el orgullo, con cierto linaje. Qué fácil les resulta no sentir que son poco, infinitamente poco, sólo un número de una estadística que no conocen, que manejan otros. De pronto, son, otra vez, como en el Mundial, como en Malvinas, ¡argentinos! La patria los convoca. Nos están invadiendo. De todos los rincones de la América oscura y pobre vienen a quitarnos lo nuestro. Son ellos: son esos mestizos zarrapastrosos, ajados, descosidos, que se acumulan en nuestras oficinas de migración, o que abultan las villas miseria. Están llenos de codicia y de furia delictiva. Porque a alguna de esas dos cosas es que vienen: o a robarnos nuestros trabajos o a robarnos nuestro dinero. Si trabajan, le están quitando ese lugar a un compatriota (a uno de los nuestros) que lo necesita. Si roban, si delinquen, nos están agrediendo. Que nos asalte un compatriota vaya y pase; es, al cabo, una contingencia nacional, una cuestión de la patria que ya solucionaremos entre todos. Pero que nos asalte un extranjero es intolerable. ¿Cómo se atreve? ¿Cómo se atreve a agredir a uno de los nuestros, a uno de los dueños de la patria, a un argentino? Duro con él.
La xenofobia surge de creer que la patria nos pertenece sólo a nosotros y que el otro (el extranjero que quiere integrarse a ella) será siempre un sospechoso. Simplemente porque no nació aquí. Lleva la condena eterna en la sangre y en el alma: jamás será un argentino, jamás podrá amar la patria como nosotros la amamos. De aquí, en consecuencia, que será el primero en agredirla. En agredirnos. La xenofobia es una actitud humana cruel y abyecta. Siempre habrá xenófobos, es una de las más bajas pasiones de la condición humana. En la abundancia dirán que vienen a “disfrutar de lo nuestro”. En la escasez dirán que vienen a robárnoslo.
Hoy, entonces, pasado, por el momento, el vendaval del campo (que huele distinto del de la villa y la delincuencia) ha retornado el tema de la seguridad. Se lo deposita en el Otro inmigratorio. Pero también en el Otro nacional villero, porque la villa es el espacio de la delincuencia, el lugar desde el que se sale para sorprender a los ciudadanos honestos. Es así: así en todas partes. La derecha reacciona como sabe, como siempre lo hace: no da trabajo, reprime. La única arma contra la inseguridad es el trabajo, el salario digno. Pero el neoliberalismo, por su propia dinámica, crea una sociedad de ricos muy ricos y de pobres muy pobres. Los primeros piden al Estado que los proteja de los segundos, reprimiéndolos. En sociedades donde no hay trabajo para todos nunca habrá seguridad. Esto se sabe, pero no se puede hacer. Salvo que cambien el sistema. Algo que aún menos se puede hacer porque nadie querrá hacerlo. Seguirá todo así, en la virtualidad de la explosión social, de la invasión de los nuevos bárbaros, de la ira y del fuego. ¿Cuántos autos quemará la próxima invasión musulmana a París? Hitler ordenó incendiar esa bella ciudad. Hay una película muy célebre con ese nombre, basado en una pregunta que el mismísimo Führer habría hecho: ¿Arde París?. No ardió. Un sensible general alemán desobedeció la orden. Pero, ¿arderá París?
Deuda externa y lesa humanidad
Plan económico y plan de exterminio
Por Carlos Slepoy
En nuestro país se están celebrando juicios y se han dictado sentencias de gran trascendencia en relación con los crímenes cometidos por la última dictadura militar. En casi todas las causas, los afectados son miembros de las Fuerzas Armadas y de seguridad. Existen unos pocos funcionarios o civiles imputados, pero en todos los casos por su implicación directa en delitos contra la vida y la integridad física. No me referiré a ellos en este artículo ni a otros responsables civiles que en distintas formas colaboraron con los golpistas ni al genocidio económico y social que, por una planificación consciente de la miseria y la exclusión, tiene su comienzo en la dictadura y su continuidad durante el gobierno de Carlos Menem. Voces más autorizadas que la mía, como la del eximio abogado argentino Alberto Pedroncini, han denunciado en foros judiciales y de otra naturaleza que las políticas que lo provocaran deben ser consideradas como violatorias de derechos humanos económicos, sociales y culturales fundamentales y sus responsables deben en consecuencia ser sometidos a la acción de la Justicia.
Me limitaré a fundamentar que igual responsabilidad criminal que a los ejecutores directos del exterminio les cabe a quienes concertaron con ellos el plan económico de la dictadura. Y que por ello deben ser juzgados.
El 13 de julio de 2000 fue dictada sentencia por el Juzgado Criminal y Correccional Nº 12 de la Capital Federal a cargo de Jorge Ballesteros en la célebre causa impulsada por Alejandro Olmos. Esta resolución señaló los múltiples delitos que cometieron los responsables del área económica. Entre otros, que con avales del Estado se contrajeron préstamos de empresas privadas que, a su vencimiento, fueron pagadas con fondos públicos sin que se intentara recuperar lo abonado; que el endeudamiento del sector privado se hizo público a través del régimen de seguro de cambios; que se contrajeron deudas a nombre de empresas estatales que nunca ingresaron a sus patrimonios; que no existen registros de las supuestas deudas. La deuda externa de la Nación –concluye– “... ha sido groseramente incrementada a partir del año 1976 mediante la instrumentación de una política económica vulgar y agraviante que puso de rodillas al país a través de los distintos métodos utilizados... que tendían, entre otras cosas, a beneficiar y sostener empresas y negocios privados –nacionales y extranjeros– en desmedro de sociedades y empresas del Estado que, a través de una política dirigida, se fueron empobreciendo día a día, todo lo cual, inclusive, se vio reflejado en los valores obtenidos al momento de iniciarse las privatizaciones de las mismas”.
Como es conocido, la fraudulenta deuda externa pasó de 7815 millones de dólares en marzo de 1976 a 45.087 millones de dólares en diciembre de 1983. El incremento de esta deuda durante los gobiernos constitucionales y el pago de intereses, sin que nada se haya hecho para deslindar la deuda legítima de la ilegítima, tiene hipotecado desde entonces al país y condiciona su soberanía.
En el primer “gabinete” de la dictadura todos los ministerios estaban a cargo de militares, con excepción de los relacionados con el área económica. Al frente de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz; de Programación y Coordinación Económica, Guillermo Walter Klein; de Hacienda, Juan Ernesto Alemann. Estos y los que les fueron sucediendo implementaron el plan económico en connivencia con la cúpula militar. Los delitos cometidos por unos y otros son jurídicamente inescindibles. La dictadura se implantó, entre otros motivos, para hacer posible el plan económico y éste no podría haberse implementado sin el plan de exterminio.
Surge de la resolución judicial la responsabilidad de los funcionarios del Ministerio de Economía, del Banco Central de la República Argentina, de la Secretaría de Programación y Coordinación Económica, de los directores de empresas públicas y de los funcionarios de jerarquía superior de los organismos de control y fiscalización que estuvieron dirigidos –además de los ya nombrados– por Lorenzo Sigaut, José María Dagnino Pastore, Roberto Alemann, Christian Zimmerman, Domingo Felipe Cavallo, Julio Gómez, Julio González del Solar, José Machinea, Adolfo Diz, Alejandro Reynal, Francisco Soldati, Enrique Forcioni y Manuel Solanet, entre otros.
Algunas de las numerosas empresas, grupos de empresas y entidades financieras beneficiarias del plan económico a que la sentencia se refiere fueron Celulosa Argentina, Macri, Techint, Bridas, Pérez Companc, Acindar, Ford, Ledesma, Astarsa, Mercedes-Benz, Alpargatas, Papel Prensa, Banco de Italia, City Bank, First National Bank, Chase Manhattan Bank y Bank of Boston. Muchos de los directivos de estas empresas prestaron además una eficiente y conocida colaboración para que miembros de cuerpos de delegados, comisiones internas y activistas sindicales fueran secuestrados y torturados. Muchos de ellos han sido asesinados o están desaparecidos.
La sentencia, clara y contundente en los hechos que consideró acreditados –producto de un enorme caudal probatorio– y en sus conclusiones, es desoladora en cambio en su pronunciamiento: entendió que estaba prescripta la acción penal y, en consecuencia, no había lugar a exigir responsabilidades criminales al único imputado –José Alfredo Martínez de Hoz– ni al resto de los responsables. Resolvió en consecuencia remitir las actuaciones judiciales al Congreso para que determinara si acaso pudieran caberles a los implicados responsabilidades políticas. De este modo –al igual que ocurría hasta entonces con los ejecutores directos del exterminio–, los responsables de la conducción económica quedaban en la impunidad. En síntesis, no es que no existieran hechos delictivos sino que no podían ser juzgados porque la acción penal estaba prescripta.
En el año 2000, cuando se dictó la sentencia, no existía ninguna resolución judicial que calificara a los crímenes cometidos por la dictadura como genocidio o crímenes de lesa humanidad. Hoy la situación es radicalmente distinta. Las leyes de Punto Final y Obediencia Debida han sido anuladas por contrariar normas fundamentales del Derecho Internacional y de la Constitución Argentina, y la Corte Suprema ha declarado que los delitos cometidos durante y por la dictadura son imprescriptibles.
La Convención Internacional para la Sanción y Prevención del Delito de Genocidio, del 9 de diciembre de 1948 –a la que la Argentina se adhirió mediante el Decreto-Ley 6286/1956 del 9 de abril de 1956– incluye como conductas sancionables el genocidio, la asociación para cometer genocidio y la complicidad en el genocidio, y dispone que serán castigados quienes lo cometan, se trate de gobernantes, funcionarios o particulares. En igual sentido, la Convención Internacional sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Lesa Humanidad, incluido el genocidio, del 26 de noviembre de 1968 –aprobada por la Argentina el 23 de noviembre de 1995– dispone que se entenderán como responsables los representantes de la autoridad del Estado y los particulares que participen como autores o cómplices en su comisión. No existe por lo tanto obstáculo legal alguno para procesarlos y juzgarlos por su responsabilidad criminal en los distintos delitos económicos que se han reseñado. Pero además, y fundamentalmente, porque se asociaron para cometerlos con quienes por la fuerza tomaron el poder, implantaron el terror generalizado y destruyeron múltiples grupos sociales, sindicales, políticos, religiosos, culturales para cometer el genocidio. Son coautores del mismo.
¿Nos hemos de resignar a que queden impunes? Hasta ahora ni uno solo de estos responsables ha sido sometido a la Justicia. Les cabe una especial responsabilidad en este cometido al Gobierno nacional y al Ministerio Público, que deben impulsar la acción judicial. La mayor parte de los males que hoy padecemos tiene su origen en aquella época siniestra. No hay candidez en este planteo ni ignorancia de las fuerzas en pugna, sino la convicción de que una iniciativa de esta naturaleza –como la que tuvo el gobierno del ex presidente Néstor Kirchner cuando impulsó en el Parlamento la nulidad de las leyes de impunidad–, además de profundizar en la lucha por la Justicia, contará con el caluroso apoyo de vastos y mayoritarios sectores del pueblo argentino, aunque soliviante a los implicados y a distintos y poderosos grupos de presión. Como ha de ocurrir con toda medida que recupere para el patrimonio nacional las empresas y riquezas naturales que le fueron ilegalmente sustraídas.
Por Carlos Slepoy
En nuestro país se están celebrando juicios y se han dictado sentencias de gran trascendencia en relación con los crímenes cometidos por la última dictadura militar. En casi todas las causas, los afectados son miembros de las Fuerzas Armadas y de seguridad. Existen unos pocos funcionarios o civiles imputados, pero en todos los casos por su implicación directa en delitos contra la vida y la integridad física. No me referiré a ellos en este artículo ni a otros responsables civiles que en distintas formas colaboraron con los golpistas ni al genocidio económico y social que, por una planificación consciente de la miseria y la exclusión, tiene su comienzo en la dictadura y su continuidad durante el gobierno de Carlos Menem. Voces más autorizadas que la mía, como la del eximio abogado argentino Alberto Pedroncini, han denunciado en foros judiciales y de otra naturaleza que las políticas que lo provocaran deben ser consideradas como violatorias de derechos humanos económicos, sociales y culturales fundamentales y sus responsables deben en consecuencia ser sometidos a la acción de la Justicia.
Me limitaré a fundamentar que igual responsabilidad criminal que a los ejecutores directos del exterminio les cabe a quienes concertaron con ellos el plan económico de la dictadura. Y que por ello deben ser juzgados.
El 13 de julio de 2000 fue dictada sentencia por el Juzgado Criminal y Correccional Nº 12 de la Capital Federal a cargo de Jorge Ballesteros en la célebre causa impulsada por Alejandro Olmos. Esta resolución señaló los múltiples delitos que cometieron los responsables del área económica. Entre otros, que con avales del Estado se contrajeron préstamos de empresas privadas que, a su vencimiento, fueron pagadas con fondos públicos sin que se intentara recuperar lo abonado; que el endeudamiento del sector privado se hizo público a través del régimen de seguro de cambios; que se contrajeron deudas a nombre de empresas estatales que nunca ingresaron a sus patrimonios; que no existen registros de las supuestas deudas. La deuda externa de la Nación –concluye– “... ha sido groseramente incrementada a partir del año 1976 mediante la instrumentación de una política económica vulgar y agraviante que puso de rodillas al país a través de los distintos métodos utilizados... que tendían, entre otras cosas, a beneficiar y sostener empresas y negocios privados –nacionales y extranjeros– en desmedro de sociedades y empresas del Estado que, a través de una política dirigida, se fueron empobreciendo día a día, todo lo cual, inclusive, se vio reflejado en los valores obtenidos al momento de iniciarse las privatizaciones de las mismas”.
Como es conocido, la fraudulenta deuda externa pasó de 7815 millones de dólares en marzo de 1976 a 45.087 millones de dólares en diciembre de 1983. El incremento de esta deuda durante los gobiernos constitucionales y el pago de intereses, sin que nada se haya hecho para deslindar la deuda legítima de la ilegítima, tiene hipotecado desde entonces al país y condiciona su soberanía.
En el primer “gabinete” de la dictadura todos los ministerios estaban a cargo de militares, con excepción de los relacionados con el área económica. Al frente de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz; de Programación y Coordinación Económica, Guillermo Walter Klein; de Hacienda, Juan Ernesto Alemann. Estos y los que les fueron sucediendo implementaron el plan económico en connivencia con la cúpula militar. Los delitos cometidos por unos y otros son jurídicamente inescindibles. La dictadura se implantó, entre otros motivos, para hacer posible el plan económico y éste no podría haberse implementado sin el plan de exterminio.
Surge de la resolución judicial la responsabilidad de los funcionarios del Ministerio de Economía, del Banco Central de la República Argentina, de la Secretaría de Programación y Coordinación Económica, de los directores de empresas públicas y de los funcionarios de jerarquía superior de los organismos de control y fiscalización que estuvieron dirigidos –además de los ya nombrados– por Lorenzo Sigaut, José María Dagnino Pastore, Roberto Alemann, Christian Zimmerman, Domingo Felipe Cavallo, Julio Gómez, Julio González del Solar, José Machinea, Adolfo Diz, Alejandro Reynal, Francisco Soldati, Enrique Forcioni y Manuel Solanet, entre otros.
Algunas de las numerosas empresas, grupos de empresas y entidades financieras beneficiarias del plan económico a que la sentencia se refiere fueron Celulosa Argentina, Macri, Techint, Bridas, Pérez Companc, Acindar, Ford, Ledesma, Astarsa, Mercedes-Benz, Alpargatas, Papel Prensa, Banco de Italia, City Bank, First National Bank, Chase Manhattan Bank y Bank of Boston. Muchos de los directivos de estas empresas prestaron además una eficiente y conocida colaboración para que miembros de cuerpos de delegados, comisiones internas y activistas sindicales fueran secuestrados y torturados. Muchos de ellos han sido asesinados o están desaparecidos.
La sentencia, clara y contundente en los hechos que consideró acreditados –producto de un enorme caudal probatorio– y en sus conclusiones, es desoladora en cambio en su pronunciamiento: entendió que estaba prescripta la acción penal y, en consecuencia, no había lugar a exigir responsabilidades criminales al único imputado –José Alfredo Martínez de Hoz– ni al resto de los responsables. Resolvió en consecuencia remitir las actuaciones judiciales al Congreso para que determinara si acaso pudieran caberles a los implicados responsabilidades políticas. De este modo –al igual que ocurría hasta entonces con los ejecutores directos del exterminio–, los responsables de la conducción económica quedaban en la impunidad. En síntesis, no es que no existieran hechos delictivos sino que no podían ser juzgados porque la acción penal estaba prescripta.
En el año 2000, cuando se dictó la sentencia, no existía ninguna resolución judicial que calificara a los crímenes cometidos por la dictadura como genocidio o crímenes de lesa humanidad. Hoy la situación es radicalmente distinta. Las leyes de Punto Final y Obediencia Debida han sido anuladas por contrariar normas fundamentales del Derecho Internacional y de la Constitución Argentina, y la Corte Suprema ha declarado que los delitos cometidos durante y por la dictadura son imprescriptibles.
La Convención Internacional para la Sanción y Prevención del Delito de Genocidio, del 9 de diciembre de 1948 –a la que la Argentina se adhirió mediante el Decreto-Ley 6286/1956 del 9 de abril de 1956– incluye como conductas sancionables el genocidio, la asociación para cometer genocidio y la complicidad en el genocidio, y dispone que serán castigados quienes lo cometan, se trate de gobernantes, funcionarios o particulares. En igual sentido, la Convención Internacional sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Lesa Humanidad, incluido el genocidio, del 26 de noviembre de 1968 –aprobada por la Argentina el 23 de noviembre de 1995– dispone que se entenderán como responsables los representantes de la autoridad del Estado y los particulares que participen como autores o cómplices en su comisión. No existe por lo tanto obstáculo legal alguno para procesarlos y juzgarlos por su responsabilidad criminal en los distintos delitos económicos que se han reseñado. Pero además, y fundamentalmente, porque se asociaron para cometerlos con quienes por la fuerza tomaron el poder, implantaron el terror generalizado y destruyeron múltiples grupos sociales, sindicales, políticos, religiosos, culturales para cometer el genocidio. Son coautores del mismo.
¿Nos hemos de resignar a que queden impunes? Hasta ahora ni uno solo de estos responsables ha sido sometido a la Justicia. Les cabe una especial responsabilidad en este cometido al Gobierno nacional y al Ministerio Público, que deben impulsar la acción judicial. La mayor parte de los males que hoy padecemos tiene su origen en aquella época siniestra. No hay candidez en este planteo ni ignorancia de las fuerzas en pugna, sino la convicción de que una iniciativa de esta naturaleza –como la que tuvo el gobierno del ex presidente Néstor Kirchner cuando impulsó en el Parlamento la nulidad de las leyes de impunidad–, además de profundizar en la lucha por la Justicia, contará con el caluroso apoyo de vastos y mayoritarios sectores del pueblo argentino, aunque soliviante a los implicados y a distintos y poderosos grupos de presión. Como ha de ocurrir con toda medida que recupere para el patrimonio nacional las empresas y riquezas naturales que le fueron ilegalmente sustraídas.
martes, 2 de septiembre de 2008
soja y población
Martes, 02 de Septiembre de 2008
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EL PAIS › CAMPOS ARRENDADOS PARA CULTIVOS MAS PRODUCTIVOS CAMBIARON EL INTERIOR DEL CHACO
Donde hubo escuelas, ahora hay sólo soja
Al sur del Chaco, los campesinos desplazados por el avance del cultivo de soja abandonan los poblados. En la retirada las escuelas se van quedando sin alumnos y se transforman también en fantasmas.
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Por Alejandra Dandan
La escuela rural número 488 del Chaco era una escuela modelo. En 1998, tenía una matrícula de 80 alumnos, hoy son 25. Mabel Núñez dejó la escuela el mes pasado. Estaba en quinto grado, pero su familia viajó para instalarse en Buenos Aires. En el Chaco eran peones rurales, vivían justo enfrente de la escuela y sus hermanos hacían changas en las cosechas del algodón, pero el boom de la soja cambió las cosas. El valor de la tierra pasó de 50 pesos la hectárea en 2001 a 8 mil pesos en 2008. En ese lapso, el pueblo dejó el algodón, vendió los campos o los alquila a precios exorbitantes. Una parte de la gente empezó a irse; hay casas abandonadas como edificios fantasmas y también escuelas cerradas.
La escuela 488 Alberto Schweitzer está ubicada al borde de la ruta provincial 5, en el paraje de Campos Las Puertas del sur del Chaco. Hasta aquí era una escuela modelo con un edificio de una planta, tres salones, dirección, una casa, cocina y una sala comedor. Hasta hace unos años, tenía a los alumnos divididos en dos turnos, tres docentes de primaria y una maestra de jardín. Con el correr de la soja, perdió matrícula y el plantel docente pasó de tres a dos. Sus autoridades están convencidas de que el año que viene pueden perder el resto.
“Y Dios quiera que no”, dice el maestro Abel Trejo a PáginaI12. “Y ojalá me equivoque, pero la escuela que no cierre va a perder la gente y va a quedar como sede de personal único”.
Trejo es maestro, también director y concejal de su pueblo. Y sabe lo que sucede alrededor. En un radio de 10 kilómetros, hay otras dos escuelas en problemas. La escuela 716 está ubicada en el paraje Campos Las Puertas, entre Santa Silvina y Venados Grandes. Solía tener una matrícula histórica de 70 alumnos por año, pero hoy apenas tiene siete y sus autoridades no saben si el próximo año la abren. Con la escuela 769 “República del Uruguay” sucedió algo peor. Era una escuela de 80 a 100 alumnos por año que hace dos años se cerró. En el establecimiento sólo queda un casero, a cargo de la custodia de la nada. Alrededor, las cosas no están mejor: a 14 kilómetros, la escuela 215 de la Colonia Curapí cerró hace tres años.
En todos los casos, el diagnóstico es parecido: el avance de la soja empieza a convertir a algunos de esos poblados en fantasmas. Como ya publicó PáginaI12, el desplazamiento de población por razones económicas es uno de los efectos de la soja, sobre todo en el norte del país. En Resistencia hay un cordón de asentamientos de 25 kilómetros de largo a donde viven según datos oficiales, 100 mil de los 360 mil habitantes del Gran Chaco. La Asamblea de Campesinos del Norte argentino denunció en ese marco el crecimiento de parajes fantasmas, y en esa avanzada van vaciándose también las escuelas. Así lo sugiere una denuncia del Centro de Estudios Nelson Mandela “Campos Despoblados”, una Organización No Gubernamental chaqueña que denuncia los flagelos de la región.
“Acá tenemos el éxodo de la gente del campo que se va”, dice el maestro Trejo ante la consulta de este diario. “Los nuevos inversores compraron los lotes individuales y fueron acoplando unos con otros, sumando así grandes extensiones de hectáreas, desplazaron a las chacras pequeñas y la ganadería. Luego afectaron los campos generalmente a cultivos como la soja que, hoy por hoy, es lo que está avanzando”.
Años atrás, Campos Las Puertas no imaginaba ese destino. El lugar se desarrolló económicamente en manos de minifundistas y sobre la base del cultivo del algodón con parcelas de 40 a 100 hectáreas de extensión. En promedio, en cada minifundio vivía una familia de hasta diez integrantes. Y para las épocas de las cosechas, adentro de cada lote había ocho o nueve familias: eran cosecheros o peones rurales que se trasladaban para trabajar en los campos.
En los últimos años, los suelos de Las Puertas sufrieron una baja importante. Durante mucho tiempo estuvieron sumergidos en agua, tapados por las inundaciones constantes de la zona. Empezaron a secarse en los últimos años cuando las tierras empezaron a revalorizarse al calor del boom de la agricultura de exportación. En 2001, la hectárea salía 50 pesos; ahora el valor ronda entre 7 y 11 mil, de acuerdo con la zona. El arrendamiento está en unos 800 pesos de difícil acceso para los lugareños. En esas condiciones, los propietarios de la tierra vendieron o arrendaron y vendieron después. La mayoría de los nuevos dueños son inversores cordobeses que compran la tierra y a su vez se la alquilan a los pools de soja.
En las memorias, la escuela conserva algunas historias del lugar. Entre ellas, el campo de más de 300 hectáreas que está enfrente. Hasta ahora, había pasado de heredero en heredero. Servía para la cría de animales, para descontadoras y para el algodón; en las mejores temporadas le daban trabajo a nueve familias. Con el tiempo, los herederos crecieron, formaron más familias y ahora se encontraron con la nueva presión: los cordobeses también le compraron el campo a ellos. Dejaron el pueblo y detrás suyo, lo hicieron las familias de peones. Mabel Muñoz salió de ese grupo.
“En las escuelas que están cerradas prácticamente no quedan pools de arrendamiento porque ya prácticamente son dueños”, dice el intendente Gustavo Steven de Santa Silvina, la localidad cabecera, victima de una de las sequías mas importantes. “Los cordobeses han comprado las parcelas y no quedan nadie”.
–¿Qué pasó con la gente?
–Una parte está en el pueblo de Santa Silvina, pero otra fue a engrosar los cordones de Resistencia, de Rosario e inclusive mucha se fue a Buenos Aires.
–¿Y qué pueden hacer en el pueblo?
–El pueblo siempre fue uno de los mejores lugares de producción de algodón por fibra y calidad. Siempre. Pero usted ahora puede venir y filmar acá, la gran cantidad de casas abandonadas, ¡gran cantidad! Que eran las casas donde vivían los cosecheros, le hablo de mil, que se instalaban y prácticamente vivían para cosechar algodón. Eran de 100 a 130 mil habitantes, y hoy podemos hablar de 15 mil.
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Donde hubo escuelas, ahora hay sólo soja
Al sur del Chaco, los campesinos desplazados por el avance del cultivo de soja abandonan los poblados. En la retirada las escuelas se van quedando sin alumnos y se transforman también en fantasmas.
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Por Alejandra Dandan
La escuela rural número 488 del Chaco era una escuela modelo. En 1998, tenía una matrícula de 80 alumnos, hoy son 25. Mabel Núñez dejó la escuela el mes pasado. Estaba en quinto grado, pero su familia viajó para instalarse en Buenos Aires. En el Chaco eran peones rurales, vivían justo enfrente de la escuela y sus hermanos hacían changas en las cosechas del algodón, pero el boom de la soja cambió las cosas. El valor de la tierra pasó de 50 pesos la hectárea en 2001 a 8 mil pesos en 2008. En ese lapso, el pueblo dejó el algodón, vendió los campos o los alquila a precios exorbitantes. Una parte de la gente empezó a irse; hay casas abandonadas como edificios fantasmas y también escuelas cerradas.
La escuela 488 Alberto Schweitzer está ubicada al borde de la ruta provincial 5, en el paraje de Campos Las Puertas del sur del Chaco. Hasta aquí era una escuela modelo con un edificio de una planta, tres salones, dirección, una casa, cocina y una sala comedor. Hasta hace unos años, tenía a los alumnos divididos en dos turnos, tres docentes de primaria y una maestra de jardín. Con el correr de la soja, perdió matrícula y el plantel docente pasó de tres a dos. Sus autoridades están convencidas de que el año que viene pueden perder el resto.
“Y Dios quiera que no”, dice el maestro Abel Trejo a PáginaI12. “Y ojalá me equivoque, pero la escuela que no cierre va a perder la gente y va a quedar como sede de personal único”.
Trejo es maestro, también director y concejal de su pueblo. Y sabe lo que sucede alrededor. En un radio de 10 kilómetros, hay otras dos escuelas en problemas. La escuela 716 está ubicada en el paraje Campos Las Puertas, entre Santa Silvina y Venados Grandes. Solía tener una matrícula histórica de 70 alumnos por año, pero hoy apenas tiene siete y sus autoridades no saben si el próximo año la abren. Con la escuela 769 “República del Uruguay” sucedió algo peor. Era una escuela de 80 a 100 alumnos por año que hace dos años se cerró. En el establecimiento sólo queda un casero, a cargo de la custodia de la nada. Alrededor, las cosas no están mejor: a 14 kilómetros, la escuela 215 de la Colonia Curapí cerró hace tres años.
En todos los casos, el diagnóstico es parecido: el avance de la soja empieza a convertir a algunos de esos poblados en fantasmas. Como ya publicó PáginaI12, el desplazamiento de población por razones económicas es uno de los efectos de la soja, sobre todo en el norte del país. En Resistencia hay un cordón de asentamientos de 25 kilómetros de largo a donde viven según datos oficiales, 100 mil de los 360 mil habitantes del Gran Chaco. La Asamblea de Campesinos del Norte argentino denunció en ese marco el crecimiento de parajes fantasmas, y en esa avanzada van vaciándose también las escuelas. Así lo sugiere una denuncia del Centro de Estudios Nelson Mandela “Campos Despoblados”, una Organización No Gubernamental chaqueña que denuncia los flagelos de la región.
“Acá tenemos el éxodo de la gente del campo que se va”, dice el maestro Trejo ante la consulta de este diario. “Los nuevos inversores compraron los lotes individuales y fueron acoplando unos con otros, sumando así grandes extensiones de hectáreas, desplazaron a las chacras pequeñas y la ganadería. Luego afectaron los campos generalmente a cultivos como la soja que, hoy por hoy, es lo que está avanzando”.
Años atrás, Campos Las Puertas no imaginaba ese destino. El lugar se desarrolló económicamente en manos de minifundistas y sobre la base del cultivo del algodón con parcelas de 40 a 100 hectáreas de extensión. En promedio, en cada minifundio vivía una familia de hasta diez integrantes. Y para las épocas de las cosechas, adentro de cada lote había ocho o nueve familias: eran cosecheros o peones rurales que se trasladaban para trabajar en los campos.
En los últimos años, los suelos de Las Puertas sufrieron una baja importante. Durante mucho tiempo estuvieron sumergidos en agua, tapados por las inundaciones constantes de la zona. Empezaron a secarse en los últimos años cuando las tierras empezaron a revalorizarse al calor del boom de la agricultura de exportación. En 2001, la hectárea salía 50 pesos; ahora el valor ronda entre 7 y 11 mil, de acuerdo con la zona. El arrendamiento está en unos 800 pesos de difícil acceso para los lugareños. En esas condiciones, los propietarios de la tierra vendieron o arrendaron y vendieron después. La mayoría de los nuevos dueños son inversores cordobeses que compran la tierra y a su vez se la alquilan a los pools de soja.
En las memorias, la escuela conserva algunas historias del lugar. Entre ellas, el campo de más de 300 hectáreas que está enfrente. Hasta ahora, había pasado de heredero en heredero. Servía para la cría de animales, para descontadoras y para el algodón; en las mejores temporadas le daban trabajo a nueve familias. Con el tiempo, los herederos crecieron, formaron más familias y ahora se encontraron con la nueva presión: los cordobeses también le compraron el campo a ellos. Dejaron el pueblo y detrás suyo, lo hicieron las familias de peones. Mabel Muñoz salió de ese grupo.
“En las escuelas que están cerradas prácticamente no quedan pools de arrendamiento porque ya prácticamente son dueños”, dice el intendente Gustavo Steven de Santa Silvina, la localidad cabecera, victima de una de las sequías mas importantes. “Los cordobeses han comprado las parcelas y no quedan nadie”.
–¿Qué pasó con la gente?
–Una parte está en el pueblo de Santa Silvina, pero otra fue a engrosar los cordones de Resistencia, de Rosario e inclusive mucha se fue a Buenos Aires.
–¿Y qué pueden hacer en el pueblo?
–El pueblo siempre fue uno de los mejores lugares de producción de algodón por fibra y calidad. Siempre. Pero usted ahora puede venir y filmar acá, la gran cantidad de casas abandonadas, ¡gran cantidad! Que eran las casas donde vivían los cosecheros, le hablo de mil, que se instalaban y prácticamente vivían para cosechar algodón. Eran de 100 a 130 mil habitantes, y hoy podemos hablar de 15 mil.
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martes, 19 de agosto de 2008
Primer pronunciamiento docente
Agosto de 2008
Primer pronunciamiento docente
Sobreviviendo día a día
Todos los días y cada vez con mayor frecuencia e intensidad padecemos, en
nuestros trabajos, hechos de violencia. Escandalosamente inicuos, estos sucesos
atraviesan todos los roles que cumplimos dentro de los escenarios turbulentos en que
se han convertido las escuelas públicas. Las “escuelas de contención” (eufemismo de
“escuelas para pobres”) impulsadas por la ley Federal de Educación y vigentes hoy en
toda su crudeza demagógica, son instituciones destinadas a ser verdaderos diques de
contención social para los hijos de los excluidos del sistema productivo, o los que
están destinados a realizar en el futuro trabajos mal remunerados con pésimas
condiciones laborales. Existe una presión institucional y social (en esas escuelas y en
muchas otras) para que realicemos “promoción social” aprobando a todos los alumnos,
hayan aprendido o no. La falta de preocupación oficial para que todos los chicos y
adolescentes reciban una educación de calidad, acompaña un vaciamiento de
contenidos de muchas escuelas públicas que van transformándose, así, en
verdaderas guarderías. Se discrimina, de esa manera, a los estudiantes que más
educación necesitan.
Mientras tanto los educadores recibimos golpe tras golpe
Algunos hechos recientes:
- El vicerrector de la Escuela Técnica Nº4 de Tres de Febrero fue golpeado por un
alumno y su madre. El chico manifestaba actitudes suicidas, amenazando con
arrojarse desde el primer piso de la escuela. La dirección solicitó la reubicación del
estudiante en una escuela sin construcciones en alto, razón por la cual el alumno
cacheteó al vicerrector. Dos días después se presentó la madre para agredirlo tres
veces consecutivas, aclarando, ante los pedidos de diálogo del vicerrector, que había
asistido a la escuela con el único fin de pegarle.
- Una colega de la ESB 22 de San Martín, Buenos Aires, recibió un zapatillazo en la
espalda por parte de un alumno, quien sigue cursando en la escuela.
- En la escuela de capacitación laboral Tomás Edison, de Santa Lucía, Pcia. de San
Juan, una docente terminó con el pelo quemado y la piel lastimada detrás de la oreja,
obra de un joven ex alumno que había ido al acto del 9 de julio para visitar a sus
amigos.
- Desde que las imágenes recorrieron una y otra vez los canales de televisión, las
burlas y agresiones de un grupo de alumnos a la profesora del Comercial Nº 19 de
Caballito son bien conocidas por la comunidad.
- En la Escuela Media N° 8 del barrio La Loma de la localidad de Temperley, en la
zona sur del conurbano bonaerense, estudiantes colocaron un preservativo sobre la
cabeza de una profesora. Luego un alumno prendió fuego su pelo con un encendedor
y una alumna lo apagó. La agresión fue filmada por los estudiantes y subida a
Internet. La inspectora distrital dijo que en el ámbito de la Dirección General de Cultura
y Educación bonaerense "priorizamos la inclusión educativa".
- La vicedirectora de la Escuela de Educación Media Nº 3 del barrio porteño del Bajo
Flores fue agredida a golpes por la madre de un alumno. Mientras la profesora
intentaba explicarle a la madre los motivos de una sanción disciplinaria, recibió
puñetazos en el rostro, la cabeza y otras partes del cuerpo.
Por eso, nos pronunciamos por:
La construcción de verdaderos gabinetes escolares de psicólogos,
psicopedagogos y asistentes sociales estables en cada escuela, que trabajen
para integrar, no para “contener”, a todos los estudiantes en un proyecto
educativo efectivo.
El nombramiento de docentes volantes para cubrir las horas libres provocadas
por ausencias imprevistas, docentes que dicten clases de apoyo, mejoras
edilicias imprescindibles y la creación de instituciones educativas alternativas
para chicos que no están en capacidad, actualmente, de integrarse a una
escuela pública regular.
El rechazo a toda presión, intimidación o acción de autoridades educativas que
atente contra: a) la libertad de cátedra de los educadores, b) la exigencia de
estudio necesaria para garantizar la construcción de aprendizajes y c) las
normas de conducta elementales que deben respetar los estudiantes.
El repudio a toda sanción disciplinaria institucional a un docente agredido,
incluyendo como tal el cambio de funciones.
Impulsar desde las escuelas un paro nacional educativo, en rechazo a las
políticas oficiales que provocan agresiones a los educadores y el desprecio de
la profesión docente.
Solicitar a los dirigentes de todos los sindicatos que convoquen asambleas
para analizar democráticamente la realización del paro educativo.
Que la organización del paro educativo incluya la convocatoria a la comunidad
de alumnos y padres a una movilización conjunta, a los ministerios de
educación de Capital Federal y todas las provincias.
La organización regional, escuela por escuela, de los docentes y la comunidad
educativa para responder cada nueva agresión con un paro educativo zonal.
Nuestra única “responsabilidad civil” es enseñar
La responsabilidad del gobierno nacional, los gobiernos provinciales y el
gobierno de la Capital Federal es garantizar:
- salarios dignos y condiciones laborales adecuadas para todos los
docentes,
- el fin de la pobreza estructural y las condiciones de marginalidad social
que impiden que miles de chicos y jóvenes puedan estudiar.
Pcia. de Bs.As.: Omar Cabrera, Rosa Annicchiarico, Cristina Crowe, Omar Taraborrelli,
Viviana Adán, María Pía Chiesino, Alejandra Fredes, Jerónima Corso, Gustavo Sánchez,
Héctor Outeda, Edit Simón, Marta Sosa (CENS 453, San Martín); Liliana Rivera, María Elena
Ruiz, Rosana Chiorazzi, Florencia Aspirez, María Elena Di Salle, Marina Libonati, Silvia
Oshiro (ESB 31, San Martín); Nora Cotleroff, Olga Durán de Barrios (EPB 48, San Martín);
Gabriela Rojas Pérez (C. de Música de San Martín); Rosana Oroño, Graciela Souderi (EEM
10, San Martín); Amanda Escariz (EEM 12, San Martín); Alejandro Benites, Blanca Lacamoire
(ISFD 174, R. V. Peñaloza, V. Ballester); Silvia Rodríguez (EET 4, San Martín); Inés Quiroga
(EPB 28, San Martín); Mirta Gutiérrez (Esc. 9, V. Ballester, San Martín), Stella Dolina (CFP
404, San Martín); Enriqueta Rodríguez (EPB 2, Tres de Feb.); Sonia Baca, Cristina Galeano,
Mónica Fusco, Noemí Scrivelli, Mónica Fauverte, Alejandra Leoner, María Cristina Del Villar,
Ana Zullca, Ofelia Villavicencio, Alicia Torres, Carmen Fiorani, Lorena Madeo, Evangelina
Ibave, Francisca D'Paula Duarte (EET 1, Tres de Feb.); Viviana Bárcena (EEM 1, Tres de
Feb.); Marta Felitti, Liliana Casal, Susana Nijamín, Rubén Alvez, Julia De Gregorio, Jorge
Ferraro, Gabriel Salvado, María Gamboa, Silvia Di Natale, Daniel Roca, Alberto Williams,
Miguel De Monte, Hugo Shaab, Graciela Pin (EEM 1,Tres de Feb.); Lucía Diolosa (EEM 7,
Tres de Feb.); Fiorella Bommarito (EPB 16, Tres de Feb.); Mary Marcoff, Marina Faccio,
Viviana Latella (EET 4, Tres de Feb.); Jorge Libertella (EEM 7, Tres de Feb.); María del
Carmen Escobar (ESB 9, Tres de Feb); Lucía Falcone (ESB 8, Vte. López); Cecilia Falcone
(ESB 14, Vte.López); Mónica Reiter (EP 16, La Lucila, Vte. López); Gerardo Médica, Norma
Brítez (ESB 190, G. de Laferrere, La Matanza); Ana Bernal (ESB 189, G. de Laferrere, La
Matanza); Walter Sanabria (ESB 131, V. Celina, La Matanza); Daniel Inzillo (Media 21, C.
Evita, La Matanza); Graciela Maradei (ESB 167, G. de Laferrere, La Matanza); Silvia Fabiján
(EEM 3, Hurlingham); Alejandro Ortega (ESB 25, Hurlingham), Marta Alarcón (ESB Nº 309,
Florencio Varela).
C.A.B.A.: Gladys Fusco, Sandra D'Elías, María Elena Vidal (Esc. de Danzas 1); Adriana
Vicente (EMEM 1, DE 16); Mirta Sap, María Emilia Orellano, Marisol Dutrey, Gustavo
Agüero, Eva González García, Gerardo Lebas, Graciela Arrietto, Silvia Lucca, Gloria
Vázquez Rey, María Teresa Chiodini, Esmeralda Canata, Alicia Panella, Carolina Bregy,
Liliana Pavone, Daniel Conte, Nicolás González Jewkes, Mariela Ibáñez, Iris Frank, Romina
Marcone, Mauro Casero, Luis Muñoz, Leonardo Torres, Patricia Zanetti, Silvana Corso,
Vanina Agreda, Karina Stella, Analía Taboada, Luis González, Rubén Bilardo, Natalia
Pierotti, Carlos Fariña, Graciela Cucci, María Teresa Dri, Eduardo Piemonte, María del
Carmen Peroni (EMEM 2, DE 17); María Elena Raide (Esc.1, DE 17); Sandra Zanlungo (Esc.
1, DE 6, CABA); Adriana Abril, Pablo Rivelli (EMEM 19, DE 17); Claudia Peredo (Escuela 16,
DE 12); David Zylbersztajn (Esc.Téc. Raggio); Isabel Laumonier (Esc. de Danzas 2, Jorge
Donn, DE 18).
Puede agregar su adhesión escribiendo a:
omararmandocabrera@yahoo.com.ar
lilirivera007@yahoo.es
sonyhebe@yahoo.com.ar
galeano444@hotmail.com
La firma de este pronunciamiento no implica cuestionamientos a las escuelas
mencionadas ni a sus autoridades.
Blog
http://blogs.clarin.com/pronunciamientodocente
Omar Cabrera - 15 5311 2997
Liliana Rivera - 15 4037 1955
Sonia Baca - 15 6752 2348
Cristina Galeano – 15 6468 9192
Primer pronunciamiento docente
Sobreviviendo día a día
Todos los días y cada vez con mayor frecuencia e intensidad padecemos, en
nuestros trabajos, hechos de violencia. Escandalosamente inicuos, estos sucesos
atraviesan todos los roles que cumplimos dentro de los escenarios turbulentos en que
se han convertido las escuelas públicas. Las “escuelas de contención” (eufemismo de
“escuelas para pobres”) impulsadas por la ley Federal de Educación y vigentes hoy en
toda su crudeza demagógica, son instituciones destinadas a ser verdaderos diques de
contención social para los hijos de los excluidos del sistema productivo, o los que
están destinados a realizar en el futuro trabajos mal remunerados con pésimas
condiciones laborales. Existe una presión institucional y social (en esas escuelas y en
muchas otras) para que realicemos “promoción social” aprobando a todos los alumnos,
hayan aprendido o no. La falta de preocupación oficial para que todos los chicos y
adolescentes reciban una educación de calidad, acompaña un vaciamiento de
contenidos de muchas escuelas públicas que van transformándose, así, en
verdaderas guarderías. Se discrimina, de esa manera, a los estudiantes que más
educación necesitan.
Mientras tanto los educadores recibimos golpe tras golpe
Algunos hechos recientes:
- El vicerrector de la Escuela Técnica Nº4 de Tres de Febrero fue golpeado por un
alumno y su madre. El chico manifestaba actitudes suicidas, amenazando con
arrojarse desde el primer piso de la escuela. La dirección solicitó la reubicación del
estudiante en una escuela sin construcciones en alto, razón por la cual el alumno
cacheteó al vicerrector. Dos días después se presentó la madre para agredirlo tres
veces consecutivas, aclarando, ante los pedidos de diálogo del vicerrector, que había
asistido a la escuela con el único fin de pegarle.
- Una colega de la ESB 22 de San Martín, Buenos Aires, recibió un zapatillazo en la
espalda por parte de un alumno, quien sigue cursando en la escuela.
- En la escuela de capacitación laboral Tomás Edison, de Santa Lucía, Pcia. de San
Juan, una docente terminó con el pelo quemado y la piel lastimada detrás de la oreja,
obra de un joven ex alumno que había ido al acto del 9 de julio para visitar a sus
amigos.
- Desde que las imágenes recorrieron una y otra vez los canales de televisión, las
burlas y agresiones de un grupo de alumnos a la profesora del Comercial Nº 19 de
Caballito son bien conocidas por la comunidad.
- En la Escuela Media N° 8 del barrio La Loma de la localidad de Temperley, en la
zona sur del conurbano bonaerense, estudiantes colocaron un preservativo sobre la
cabeza de una profesora. Luego un alumno prendió fuego su pelo con un encendedor
y una alumna lo apagó. La agresión fue filmada por los estudiantes y subida a
Internet. La inspectora distrital dijo que en el ámbito de la Dirección General de Cultura
y Educación bonaerense "priorizamos la inclusión educativa".
- La vicedirectora de la Escuela de Educación Media Nº 3 del barrio porteño del Bajo
Flores fue agredida a golpes por la madre de un alumno. Mientras la profesora
intentaba explicarle a la madre los motivos de una sanción disciplinaria, recibió
puñetazos en el rostro, la cabeza y otras partes del cuerpo.
Por eso, nos pronunciamos por:
La construcción de verdaderos gabinetes escolares de psicólogos,
psicopedagogos y asistentes sociales estables en cada escuela, que trabajen
para integrar, no para “contener”, a todos los estudiantes en un proyecto
educativo efectivo.
El nombramiento de docentes volantes para cubrir las horas libres provocadas
por ausencias imprevistas, docentes que dicten clases de apoyo, mejoras
edilicias imprescindibles y la creación de instituciones educativas alternativas
para chicos que no están en capacidad, actualmente, de integrarse a una
escuela pública regular.
El rechazo a toda presión, intimidación o acción de autoridades educativas que
atente contra: a) la libertad de cátedra de los educadores, b) la exigencia de
estudio necesaria para garantizar la construcción de aprendizajes y c) las
normas de conducta elementales que deben respetar los estudiantes.
El repudio a toda sanción disciplinaria institucional a un docente agredido,
incluyendo como tal el cambio de funciones.
Impulsar desde las escuelas un paro nacional educativo, en rechazo a las
políticas oficiales que provocan agresiones a los educadores y el desprecio de
la profesión docente.
Solicitar a los dirigentes de todos los sindicatos que convoquen asambleas
para analizar democráticamente la realización del paro educativo.
Que la organización del paro educativo incluya la convocatoria a la comunidad
de alumnos y padres a una movilización conjunta, a los ministerios de
educación de Capital Federal y todas las provincias.
La organización regional, escuela por escuela, de los docentes y la comunidad
educativa para responder cada nueva agresión con un paro educativo zonal.
Nuestra única “responsabilidad civil” es enseñar
La responsabilidad del gobierno nacional, los gobiernos provinciales y el
gobierno de la Capital Federal es garantizar:
- salarios dignos y condiciones laborales adecuadas para todos los
docentes,
- el fin de la pobreza estructural y las condiciones de marginalidad social
que impiden que miles de chicos y jóvenes puedan estudiar.
Pcia. de Bs.As.: Omar Cabrera, Rosa Annicchiarico, Cristina Crowe, Omar Taraborrelli,
Viviana Adán, María Pía Chiesino, Alejandra Fredes, Jerónima Corso, Gustavo Sánchez,
Héctor Outeda, Edit Simón, Marta Sosa (CENS 453, San Martín); Liliana Rivera, María Elena
Ruiz, Rosana Chiorazzi, Florencia Aspirez, María Elena Di Salle, Marina Libonati, Silvia
Oshiro (ESB 31, San Martín); Nora Cotleroff, Olga Durán de Barrios (EPB 48, San Martín);
Gabriela Rojas Pérez (C. de Música de San Martín); Rosana Oroño, Graciela Souderi (EEM
10, San Martín); Amanda Escariz (EEM 12, San Martín); Alejandro Benites, Blanca Lacamoire
(ISFD 174, R. V. Peñaloza, V. Ballester); Silvia Rodríguez (EET 4, San Martín); Inés Quiroga
(EPB 28, San Martín); Mirta Gutiérrez (Esc. 9, V. Ballester, San Martín), Stella Dolina (CFP
404, San Martín); Enriqueta Rodríguez (EPB 2, Tres de Feb.); Sonia Baca, Cristina Galeano,
Mónica Fusco, Noemí Scrivelli, Mónica Fauverte, Alejandra Leoner, María Cristina Del Villar,
Ana Zullca, Ofelia Villavicencio, Alicia Torres, Carmen Fiorani, Lorena Madeo, Evangelina
Ibave, Francisca D'Paula Duarte (EET 1, Tres de Feb.); Viviana Bárcena (EEM 1, Tres de
Feb.); Marta Felitti, Liliana Casal, Susana Nijamín, Rubén Alvez, Julia De Gregorio, Jorge
Ferraro, Gabriel Salvado, María Gamboa, Silvia Di Natale, Daniel Roca, Alberto Williams,
Miguel De Monte, Hugo Shaab, Graciela Pin (EEM 1,Tres de Feb.); Lucía Diolosa (EEM 7,
Tres de Feb.); Fiorella Bommarito (EPB 16, Tres de Feb.); Mary Marcoff, Marina Faccio,
Viviana Latella (EET 4, Tres de Feb.); Jorge Libertella (EEM 7, Tres de Feb.); María del
Carmen Escobar (ESB 9, Tres de Feb); Lucía Falcone (ESB 8, Vte. López); Cecilia Falcone
(ESB 14, Vte.López); Mónica Reiter (EP 16, La Lucila, Vte. López); Gerardo Médica, Norma
Brítez (ESB 190, G. de Laferrere, La Matanza); Ana Bernal (ESB 189, G. de Laferrere, La
Matanza); Walter Sanabria (ESB 131, V. Celina, La Matanza); Daniel Inzillo (Media 21, C.
Evita, La Matanza); Graciela Maradei (ESB 167, G. de Laferrere, La Matanza); Silvia Fabiján
(EEM 3, Hurlingham); Alejandro Ortega (ESB 25, Hurlingham), Marta Alarcón (ESB Nº 309,
Florencio Varela).
C.A.B.A.: Gladys Fusco, Sandra D'Elías, María Elena Vidal (Esc. de Danzas 1); Adriana
Vicente (EMEM 1, DE 16); Mirta Sap, María Emilia Orellano, Marisol Dutrey, Gustavo
Agüero, Eva González García, Gerardo Lebas, Graciela Arrietto, Silvia Lucca, Gloria
Vázquez Rey, María Teresa Chiodini, Esmeralda Canata, Alicia Panella, Carolina Bregy,
Liliana Pavone, Daniel Conte, Nicolás González Jewkes, Mariela Ibáñez, Iris Frank, Romina
Marcone, Mauro Casero, Luis Muñoz, Leonardo Torres, Patricia Zanetti, Silvana Corso,
Vanina Agreda, Karina Stella, Analía Taboada, Luis González, Rubén Bilardo, Natalia
Pierotti, Carlos Fariña, Graciela Cucci, María Teresa Dri, Eduardo Piemonte, María del
Carmen Peroni (EMEM 2, DE 17); María Elena Raide (Esc.1, DE 17); Sandra Zanlungo (Esc.
1, DE 6, CABA); Adriana Abril, Pablo Rivelli (EMEM 19, DE 17); Claudia Peredo (Escuela 16,
DE 12); David Zylbersztajn (Esc.Téc. Raggio); Isabel Laumonier (Esc. de Danzas 2, Jorge
Donn, DE 18).
Puede agregar su adhesión escribiendo a:
omararmandocabrera@yahoo.com.ar
lilirivera007@yahoo.es
sonyhebe@yahoo.com.ar
galeano444@hotmail.com
La firma de este pronunciamiento no implica cuestionamientos a las escuelas
mencionadas ni a sus autoridades.
Blog
http://blogs.clarin.com/pronunciamientodocente
Omar Cabrera - 15 5311 2997
Liliana Rivera - 15 4037 1955
Sonia Baca - 15 6752 2348
Cristina Galeano – 15 6468 9192
Miedo a la matemática por Adrián Paenza
Miedo. Eso es lo que tiene un alumno cuando empieza una clase de matemática. Tiene miedo porque de antemano la sociedad lo prepara para que no entienda. Le advierte de todas las maneras posibles que es un tema difícil. Peor aún: lo condiciona de tal forma que lo induce a creer que él no será capaz de hacer nada con la matemática, porque no pudieron sus padres, no pudieron sus hermanos, no pudieron sus familiares, no pudieron sus amigos, no pudieron sus abuelos... en definitiva: no pudo nadie.
Dígame si esas condiciones (ciertamente exageradas adrede), no predisponen a una persona a tener miedo... Así, sólo los valientes resistirán.
Pero no sólo le tienen miedo a la matemática los alumnos. También los padres, familiares y amigos. Y por último, también los docentes. Quizá no lo exhiban o puedan encubrirlo, porque en definitiva el docente tiene el control. El docente tiene el poder.
El docente decide qué se estudia, desde dónde y hasta dónde. Decide cuáles son los problemas que prepara y enseña. Y decide cuáles son los problemas que los alumnos tienen que resolver, en la clase, en el pizarrón, en la casa y en una prueba. El docente tiene, en algún sentido, la sartén por el mango.
Pero, aun así, creo que también tiene miedo. Quizá no tanto frente a los alumnos porque, en todo caso, siempre tiene la posibilidad de decidir qué contesta y qué no. Pero el docente, internamente, sabe que lo que no necesariamente podría contestar es:
a) para qué enseña lo que enseña,
b) por qué enseña lo que enseña y no otra cosa,
c) qué tipo de problemas resuelve.
Un docente, en general, tiene la tentación de contar una teoría. La teoría aparenta ser muy buena porque parece (dije parece) que trae respuestas. Pero el problema que tienen estas teorías es que suelen resolver problemas que los alumnos no tienen. Peor aún: suelen dar respuestas a preguntas que los alumnos no se hicieron, ni le hicieron a nadie. Y mucho, mucho peor aún: estas mismas teorías suelen dar respuestas a preguntas que ni siquiera los docentes se hicieron fuera de la clase.
Ahora, una pausa. Yo sé que es exagerado lo que escribí. Yo sé que no se ajusta a la realidad en forma impecable, pero... ¿se animaría usted a decir que estoy totalmente alejado de lo que sucede en la vida cotidiana?
En primer término, más allá de consideraciones mías, subjetivas y tendenciosas, basta con hacer un relevamiento en la sociedad para descubrir que el miedo a la matemática es masivo, extendido y universal. Es independiente de la condición social, de la escuela, colegio, raza, poder adquisitivo, credo o lugar geográfico.
En pocas palabras: ¡la matemática parece inabordable! Es una suerte de peste que está ahí, que es tangible, que obliga a estudiar que los ángulos opuestos por el vértice son iguales, y que el cuadrado de la hipotenusa (no en todos los casos, pero en todo triángulo rectángulo) es igual a la suma de los cuadrados de los catetos. O ilustra sobre los distintos casos de factoreo y el “trinomio cubo perfecto”. Pero lo que esa matemática no dice es ¡para qué sirve saber cada una de esas verdades!
No lo quiero poner sólo en términos prácticos o mercenarios. No es que tenga que servir para algo en particular. En todo caso, la música y/o el arte tampoco se practican con un propósito utilitario. Pero la matemática, tal como se enseña, no lo dice explícitamente. Se presenta como que es imprescindible saberla si uno quiere que le vaya bien en la vida. Pero lo curioso es que uno casi nunca encuentra a una persona que muestra cuánto ha mejorado su calidad de vida porque la matemática... esa matemática, se lo permitió.
La matemática es una cosa viva y no muerta. No existe un libro en donde estén todas las respuestas. Se produce matemática todos los días, a todas las horas. Se publican alrededor de 200.000 (sí, doscientos mil) teoremas por año. Ciertamente, no todos son útiles ni mucho menos. Pero significa que hay 200.000 problemas que se resuelven anualmente. Y surgen muchísimos más.
¿Dónde se enseña a dudar? ¿Dónde se muestra el placer de no entender y tener que pensar? ¿Por qué aparecemos los docentes como sabiéndolo todo? ¿Cuándo nos exhibimos falibles e ignorantes, pero pensantes? ¿Cuándo nos mostramos humanos?
La enseñanza de la matemática, así como está estructurada y enseñada, atrasa. Sirvió (supongo) hace algunos siglos, pero no ahora. Los problemas que hoy estudia la matemática tienen que ver con problemas de la vida cotidiana, y también con temas más abstractos. Hay problemas en donde se aplica y se piensa la matemática para resolver situaciones diarias. Pero también hay matemática pura, que agrega más matemática a lo que ya se conoce. En todo caso, forma parte de la “construcción colectiva del conocimiento”. Es posible que parte de la matemática que se produce hoy no resuelva situaciones del presente, pero podría resolver las del futuro. Hay muchos ejemplos en ese sentido.
Pero en cualquier caso, el placer pasa por pensar, por dudar, por “entretener” en la cabeza un problema que no sale... y aprender a coexistir con algo no resuelto. ¿Por qué es tan grave si hay algo que a uno no le sale? ¿Por qué generar competencias inútiles? ¿Por qué importa quién llega primero a la solución? El segundo, el tercero, el quinto o el vigésimocuarto, ¿no son alumnos también? ¿Por qué alentar ese tipo de situación?
Mi experiencia como docente me permite decir que nuestra responsabilidad es la de transmitir ideas en forma clara y gradual. Uno necesita encontrar complicidades en los alumnos, mostrar que ellos importan, que ellos nos importan. Que en todo caso, sin ellos, sin alumnos, no hay docentes.
Estimularlos a preguntar... todo el tiempo. No todos tenemos los mismos tiempos para entender. Ni siquiera hay garantías de que lo que entendimos hoy, lo entendamos mañana. Nuestra tarea, la de los docentes, es prioritariamente la de generar preguntas, o sea, motivar a los alumnos a que ellos se hagan preguntas. Nuestro desempeño no será satisfactorio si sólo colaboramos en mostrar respuestas.
Busquemos quebrar las competencias estériles. Nadie es mejor persona porque entienda algo, ni porque lo haya entendido más rápido. Ni peor, si no lo entiende. Estimulemos el esfuerzo que cada uno pone para comprender.
Dos cosas más: la teoría tiene que estar al servicio de la práctica. Primero están los problemas y, mucho después, la teoría que (en todo caso) supone que ayuda a resolverlos. La idea es aprender a pensar, a plantear y plantearse problemas.
No podemos cooperar a que los estudiantes se sometan a la autoridad académica supuesta del docente. Si el alumno no entiende, el docente debe motivarlo a preguntar, a porfiar, a discutir... hasta que o bien entienda, o bien nos haga advertir ¡que quienes no entendemos somos nosotros!
* Este texto es parte de una charla dictada a docentes de matemática en el marco de la Feria del Libro 2008.
Dígame si esas condiciones (ciertamente exageradas adrede), no predisponen a una persona a tener miedo... Así, sólo los valientes resistirán.
Pero no sólo le tienen miedo a la matemática los alumnos. También los padres, familiares y amigos. Y por último, también los docentes. Quizá no lo exhiban o puedan encubrirlo, porque en definitiva el docente tiene el control. El docente tiene el poder.
El docente decide qué se estudia, desde dónde y hasta dónde. Decide cuáles son los problemas que prepara y enseña. Y decide cuáles son los problemas que los alumnos tienen que resolver, en la clase, en el pizarrón, en la casa y en una prueba. El docente tiene, en algún sentido, la sartén por el mango.
Pero, aun así, creo que también tiene miedo. Quizá no tanto frente a los alumnos porque, en todo caso, siempre tiene la posibilidad de decidir qué contesta y qué no. Pero el docente, internamente, sabe que lo que no necesariamente podría contestar es:
a) para qué enseña lo que enseña,
b) por qué enseña lo que enseña y no otra cosa,
c) qué tipo de problemas resuelve.
Un docente, en general, tiene la tentación de contar una teoría. La teoría aparenta ser muy buena porque parece (dije parece) que trae respuestas. Pero el problema que tienen estas teorías es que suelen resolver problemas que los alumnos no tienen. Peor aún: suelen dar respuestas a preguntas que los alumnos no se hicieron, ni le hicieron a nadie. Y mucho, mucho peor aún: estas mismas teorías suelen dar respuestas a preguntas que ni siquiera los docentes se hicieron fuera de la clase.
Ahora, una pausa. Yo sé que es exagerado lo que escribí. Yo sé que no se ajusta a la realidad en forma impecable, pero... ¿se animaría usted a decir que estoy totalmente alejado de lo que sucede en la vida cotidiana?
En primer término, más allá de consideraciones mías, subjetivas y tendenciosas, basta con hacer un relevamiento en la sociedad para descubrir que el miedo a la matemática es masivo, extendido y universal. Es independiente de la condición social, de la escuela, colegio, raza, poder adquisitivo, credo o lugar geográfico.
En pocas palabras: ¡la matemática parece inabordable! Es una suerte de peste que está ahí, que es tangible, que obliga a estudiar que los ángulos opuestos por el vértice son iguales, y que el cuadrado de la hipotenusa (no en todos los casos, pero en todo triángulo rectángulo) es igual a la suma de los cuadrados de los catetos. O ilustra sobre los distintos casos de factoreo y el “trinomio cubo perfecto”. Pero lo que esa matemática no dice es ¡para qué sirve saber cada una de esas verdades!
No lo quiero poner sólo en términos prácticos o mercenarios. No es que tenga que servir para algo en particular. En todo caso, la música y/o el arte tampoco se practican con un propósito utilitario. Pero la matemática, tal como se enseña, no lo dice explícitamente. Se presenta como que es imprescindible saberla si uno quiere que le vaya bien en la vida. Pero lo curioso es que uno casi nunca encuentra a una persona que muestra cuánto ha mejorado su calidad de vida porque la matemática... esa matemática, se lo permitió.
La matemática es una cosa viva y no muerta. No existe un libro en donde estén todas las respuestas. Se produce matemática todos los días, a todas las horas. Se publican alrededor de 200.000 (sí, doscientos mil) teoremas por año. Ciertamente, no todos son útiles ni mucho menos. Pero significa que hay 200.000 problemas que se resuelven anualmente. Y surgen muchísimos más.
¿Dónde se enseña a dudar? ¿Dónde se muestra el placer de no entender y tener que pensar? ¿Por qué aparecemos los docentes como sabiéndolo todo? ¿Cuándo nos exhibimos falibles e ignorantes, pero pensantes? ¿Cuándo nos mostramos humanos?
La enseñanza de la matemática, así como está estructurada y enseñada, atrasa. Sirvió (supongo) hace algunos siglos, pero no ahora. Los problemas que hoy estudia la matemática tienen que ver con problemas de la vida cotidiana, y también con temas más abstractos. Hay problemas en donde se aplica y se piensa la matemática para resolver situaciones diarias. Pero también hay matemática pura, que agrega más matemática a lo que ya se conoce. En todo caso, forma parte de la “construcción colectiva del conocimiento”. Es posible que parte de la matemática que se produce hoy no resuelva situaciones del presente, pero podría resolver las del futuro. Hay muchos ejemplos en ese sentido.
Pero en cualquier caso, el placer pasa por pensar, por dudar, por “entretener” en la cabeza un problema que no sale... y aprender a coexistir con algo no resuelto. ¿Por qué es tan grave si hay algo que a uno no le sale? ¿Por qué generar competencias inútiles? ¿Por qué importa quién llega primero a la solución? El segundo, el tercero, el quinto o el vigésimocuarto, ¿no son alumnos también? ¿Por qué alentar ese tipo de situación?
Mi experiencia como docente me permite decir que nuestra responsabilidad es la de transmitir ideas en forma clara y gradual. Uno necesita encontrar complicidades en los alumnos, mostrar que ellos importan, que ellos nos importan. Que en todo caso, sin ellos, sin alumnos, no hay docentes.
Estimularlos a preguntar... todo el tiempo. No todos tenemos los mismos tiempos para entender. Ni siquiera hay garantías de que lo que entendimos hoy, lo entendamos mañana. Nuestra tarea, la de los docentes, es prioritariamente la de generar preguntas, o sea, motivar a los alumnos a que ellos se hagan preguntas. Nuestro desempeño no será satisfactorio si sólo colaboramos en mostrar respuestas.
Busquemos quebrar las competencias estériles. Nadie es mejor persona porque entienda algo, ni porque lo haya entendido más rápido. Ni peor, si no lo entiende. Estimulemos el esfuerzo que cada uno pone para comprender.
Dos cosas más: la teoría tiene que estar al servicio de la práctica. Primero están los problemas y, mucho después, la teoría que (en todo caso) supone que ayuda a resolverlos. La idea es aprender a pensar, a plantear y plantearse problemas.
No podemos cooperar a que los estudiantes se sometan a la autoridad académica supuesta del docente. Si el alumno no entiende, el docente debe motivarlo a preguntar, a porfiar, a discutir... hasta que o bien entienda, o bien nos haga advertir ¡que quienes no entendemos somos nosotros!
* Este texto es parte de una charla dictada a docentes de matemática en el marco de la Feria del Libro 2008.
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